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Justicia de un hombre solo
Autor: Yoshimura Akira
Traducción: César Aira
Lugar de Edición: Buenos Aires
Edición: Emecé (Colección Lingua Franca), 2006, 237 pp.
No de ISBN: 9500426730
Yoshimura Akira (1927-…), no obstante ser un prolífico autor de cerca de medio centenar de obras, algunas muy populares en Japón, era desconocido para el público latinoamericano hasta que se estrenó la película La anguila ( Unagi , 1998), del recientemente desaparecido Imamura Shôhei, basada en una de sus historias, que fue traducida al español como Libertad bajo palabra ( Kari shakuhô , 1983), su título original, y publicada en 2003 por Emecé, a la que siguió Justicia de un hombre solo ( Tôi hi no sensô , lit. “La guerra de días lejanos”, 1978), el libro que comentamos.
Estamos ante una novela “bélica” dura, sin concesiones, donde la sequedad del estilo, lejos de aminorar el impacto del tema (las devastadoras consecuencia morales de la guerra, tanto en el individuo como en la sociedad) lo potencia a alturas casi inéditas en este tipo de narrativa, comparable a la visión de Stanley Kubrick en películas como La patrulla infernal ( Paths of Glory , 1957) y Cara de guerra ( Full Metal Jacket , 1987).
Justicia de un hombre solo está contada desde la perspectiva de su protagonista, Kiyohara Takuya y comienza poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, con la derrota de Japón y la consecuente ocupación por las tropas norteamericanas al mando del general Douglas MacArthur. Takuya, antiguo oficial del Ejército Imperial, ahora camuflado entre la población civil, es testigo de los juicios a sus antiguos camaradas de armas, como criminales de guerra, por parte de los tribunales establecidos por los vencedores, que a diario se difunden en la prensa japonesa. El mismo Takuya, habiendo participado en la tortura y asesinato de prisioneros de guerra norteamericanos inmediatamente antes de la rendición, sabe con certeza que se acerca el momento en que tendrá que rendir cuentas ante esos tribunales, como consecuencia de lo cual seguramente será ajusticiado. En la huida por evitar ser capturado, Takuya comienza un largo y angustioso periplo por Japón en el que irá develando las raíces básicamente inmorales de la guerra, mientras nos muestra a una sociedad hambrienta y desmoralizada que se desplaza en trenes atestados, entre ruinas aún humeantes.
La novela plantea innumerables interrogantes y dilemas de asombrosa actualidad, entre otros: ¿desde qué autoridad moral pueden los vencedores, que han asesinado a millones de civiles inocentes, y también torturado y matado a prisioneros, juzgar como criminales a quienes han cumplido con sus deberes patrióticos, simplemente porque han resultado vencidos?, ¿cuál es la posición de la sociedad civil, que colaboró con entusiasmo en el esfuerzo de guerra y ahora considera que debe colaborar con igual entusiasmo con el ejército invasor?, ¿quién decide cuándo es inmoral y cuándo no matar en la guerra?, ¿hay un bando bueno y un bando malo en los conflictos bélicos?, ¿se puede considerar “justicia” a la impuesta por el vencedor?, ¿dónde quedan el honor, el patriotismo y la dignidad cuando se ha perdido?, ¿hay algún argumento moral que justifique el asesinato de civiles indefensos con la simple excusa del “daño colateral”?
Es especialmente impactante el capítulo 3 de la novela, en el cual el protagonista, mediante un largo flashback , se ubica en el último año de la guerra, cuando la aviación norteamericana, y especialmente, los poderosos Superfortaleza B-29 castigan sin piedad las ciudades japonesas hasta reducirlas a fantasmales pilas de escombros quemados sembrados de cientos de miles de cadáveres de civiles calcinados. El escenario de este capítulo es Kyûshû, la isla más occidental del archipiélago japonés, la más cercana a Okinawa y al continente asiático, donde ya se han asentado las tropas enemigas y desde donde dirigen sus ataques aéreos. En Fukuoka, donde se encuentra, a 200 kilómetros de Hiroshima, Takuya es testigo de la primera explosión atómica del 6 de agosto de 1945 en la forma de un estruendo lejano, distinto a todo lo escuchado hasta entonces. Tres días después, estalla sobre Nagasaki la segunda bomba nuclear. El 15 de agosto, la voz desconocida del tennô Hirohito anuncia por radio la rendición de Japón. Como testimonio de las consecuencias en pérdidas materiales y de vidas humanas de lo que significa una guerra, así como de las consecuencias devastadoras en la psiquis del individuo, este capítulo justifica por sí solo la lectura de la novela.
Lo interesante de Yoshimura es que haya tenido la valentía de plantear estos temas desde la perspectiva japonesa, sin los endebles dilemas morales que los media inculcaron a partir de la posguerra y, sobre todo, sin forzados mea culpa. Junto con El idiota ( Hakuchi , 1946), de Sakaguchi Angô, y Sakurajima (ídem., 1946), novelas breves publicadas inmediatamente de finalizada la Segunda Guerra, Justicia de un hombre solo constituye un impactante alegato antibélico elaborado desde la inteligencia.
Guillermo Quartucci
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