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El maestro de Go
Autor: Kawabata Yasunari
Traducción: Amalia Sato
Lugar de Edición: Buenos Aires
Editorial: Emecé (Col. Lengua Franca), 2004, 205pp.
No de ISBN: 9500426153
Kawabata Yasunari (1899-1972) es uno de los escritores más representativos de la corriente literaria tradicionalista japonesa que ha alcanzado difusión más allá de las fronteras de su país, gracias, tal vez, al haber sido galardonado con el premio Nobel de literatura en 1968. A casi 40 años de su muerte por suicidio, su estilo exquisito y lacónico, no por ello exento de una rara belleza que hoy sorprende más que nunca, sigue suscitando la admiración de un público selecto, y hasta de escritores que, como Gabriel García Márquez, lo consideran un maestro insuperable de la narración literaria.
El maestro de Go ( Meijin , lit. “El Maestro”, 1951) confirma con creces estas afirmaciones, lo cual no significa que sea una obra fácil y amena, sino que requiere de un estado de concentración especial sin el cual su lectura se transformaría en una verdadera pesadilla. Hay en la obra una sorprendente interacción entre la atmósfera de recogimiento de una auténtica partida de Go y la actitud que debe adoptar el lector deseoso de involucrarse en el desarrollo de la historia, todo ello mediado por un narrador en primera persona, un alter ego del propio Kawabata, que nos va informando casi al minuto de las peripecias del enfrentamiento, por el título máximo, entre el anciano e indiscutible Maestro, enfermo casi terminal, y su desafiante, un joven de 30 años dueño de un talento novedoso que lo erige finalmente en triunfador.
La trama de la novela es muy sencilla, y trata de los pormenores de una partida de Go que se extiende por un periodo de más de seis meses, en la segunda mitad de 1938, llevada a cabo en tres lugares diferentes del Este de Japón y salpicada de pequeñas anécdotas relacionadas no sólo con los protagonistas, sino con la figura del narrador, el intermediario entre ellos y el lector. No obstante esta primera impresión de sencillez, los niveles de significación de El maestro de Go son múltiples y variados. En primer lugar, para los amantes del Go, el juego por excelencia de la estrategia, la novela podría funcionar tan sólo como un vehículo para adentrarse en las posibles razones que llevan a los dos maestros a optar por un movimiento en detrimento de la infinidad de posibilidades. Para ello, conforme avanza la partida, el texto intercala diagramas del tablero de Go que nos informan de la distribución de las fichas, o “piedras”, como se las denomina propiamente, y que por sí solo constituyen motivo de regocijo para los cultores del juego.
En segundo lugar, nos vamos informando de las diferencias de estilo entre el conservador Maestro y el dinámico retador, que nos hablan del enfrentamiento de una tradición estática que está desapareciendo frente a una modernidad que se ha vuelto incontenible. Con profunda nostalgia, el narrador nos presenta, en tono elegíaco, no sólo la agonía física del Maestro, sino la de una nación que está cortando con rapidez sus vínculos con el pasado.
El encuentro casual del narrador, también aficionado al Go, con un norteamericano amante del juego, en un tren de larga distancia que parte de Tokio, es una feliz interpolación que permite al texto reflexionar sobre las diferencias insalvables entre la mentalidad japonesa y la norteamericana: el japonés toma al juego con una forma de disciplina espiritual y estética, mientras que para el pragmático extranjero, lo que cuenta es ganar. Estas reflexiones se extienden luego hacia las diferencias entre Japón y China, cuna esta última del Go, y a la afirmación de que los chinos juegan en definitiva por dinero. Kawabata ha sido señalado, no sin cierta razón, como un escritor etnocentrista, defensor a ultranza del Japón como una entidad de características singulares sin parangón en el mundo, única en el mundo.
Sin embargo, como a todo gran novelista, lo que a Kawabata interesa son los seres humanos –en este caso, estos dos grandes profesionales del Go, y el narrador que los observa y comenta–, con sus vacilaciones y dudas, arrebatos y reflexiones, estados de ánimo y malestares corporales, en esa larga y amarga antesala que es la vida ante la certeza de la inevitable desaparición física. La Muerte es el gran Tema de la obra de Kawabata, el gran pesimista.
Novela profunda, desconcertante, dueña de una belleza fría y despojada, metáfora de la soledad del hombre arrojado al mundo material, casi metafísica en el sentido zen del término, El maestro de Go puede fascinar o irritar, pero nunca dejar indiferente al lector.
Guillermo Quartucci
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