Platonic sex

Autor: Iijima Ai
Traducción: Makiko Tsujimoto
Lugar de Edición: Buenos Aires
Editorial: Emecé, 2004, 196 pp.
No de ISBN: 9500425777

Iijima Ai (1972-…) no reúne en su figura ningún elemento que la aproxime siquiera a lo que el sentido común entiende por “una mujer de letras”. La posmodernidad, sin embargo, mal que le pese a los que lamentan la quiebra de los valores establecidos, incluidos los referentes al quehacer literario, ha significado la aparición de una pléyade de jóvenes de ambos sexos que se aventuran en terrenos antes sólo frecuentados por los que ostentaban una trayectoria ortodoxa en su disciplina. En Japón, donde desde hace más de 20 años escritores de la talla de Ôe Kenzaburô denuncian el virtual eclipse del escritor como constructor de modelos sociales para el futuro a favor de la escritura fácil y superficial que garantiza el éxito comercial del libro, este fenómeno está especialmente acentuado. Los éxitos editoriales de Yoshimoto Banana, Kuroyanagi Tetsuko (veterana presentadora de televisión), Murakami Haruki, Tawara Machi, por mencionar a los más notorios fabricantes de best sellers de las dos ultimas décadas, constituyen así la transición natural hacia autores como Iijima Ai, fabricante del descomunal suceso Platonic Sex (Puratonikku sekkusu, 2001), novela de la que sólo en Japón se vendieron 4 millones de ejemplares, emulando de esta manera los récords alcanzados por los colegas antes mencionados. Iijima Ai, a diferencia de ellos, no proviene del mundo de las letras, sino que su muy atractiva figura había empezado a popularizarse en el mundo equívoco de las publicaciones eróticas, primero como gurabia aidoru (ídolo juvenil de las páginas a color de las primeras páginas de las revistas de adultos) y luego participando en programas de televisión de medianoche dirigidos a un público de voyeurs. De ahí, su paso a la industria del cine pornográfico fue algo que se dio naturalmente, elevando su nombre a la categoría de “estrella”.

Con el nuevo milenio, Iijima Ai, asesorada por sus representantes, decidió que era hora de sacar provecho al éxito alcanzado y contar con sus propias palabras los avatares de su vida desde que, siendo apenas una adolescente de un hogar de clase media, a mediados de los ochenta del siglo pasado, en pleno desarrollo de la “burbuja”, se incorporó con entusiasmo, como miles de jovencitas, a la excitación de la vida nocturna de Tokio y a ganar dinero fácil vendiendo su cuerpo. Platonic sex es el resultado de esa incursión temprana en los ambientes disipados de la gran megalópolis asiática. Habrá que reconocer en esta novela cierta habilidad en el uso del lenguaje coloquial de los jóvenes, la naturalidad con que el sexo se incorpora a la historia y el desenfado de las palabras que, sin tapujos, nos relatan las vivencias, bastante subidas de tono, de la protagonista.

Para una sociedad ajena a la japonesa será difícil entender por qué esas jovencitas de una clase media que constituye el 95% de la población de Japón, todavía aferrada a los valores tradicionales, donde la figura paterna reina soberana, jovencitas dotadas de condiciones para el estudio y de un entorno económico favorable, deciden echar todo por la borda y entregarse al desenfreno de la vida nocturna y al hedonismo sin límites. Mucho tiene que ver en este fenómeno la publicidad del capitalismo ultraliberal, que alienta el consumismo y las aspiraciones a un estatus social determinado por la marca de los productos, sobre todo aquellos que constituyen el objetivo anhelado de las mujeres jóvenes: ropa, zapatos, joyas, pieles, departamentos de película, coches deportivos y la aventura de los viajes al extranjero. Los años de la famosa “burbuja financiera” alimentaron especialmente este anhelo y las mujeres en edad apenas púber empezaron a hacer sus pininos en el mundo de la prostitución disfrazada de “favor” para obtener dinero con el cual comprar esos productos. Tan exitosa fue la experiencia, que ya entrados los 90 del siglo XX, con el estallido de la burbuja y el inicio de una crisis de que la tres lustros después Japón apenas empieza a salir, cuando las ventas de las grandes tiendas se desplomaban, fueron estas mujeres jóvenes las que mantuvieron activo el consumo de artículos suntuarios y con ello salvaron a varias firmas de la bancarrota.

Adentrarnos en Platonic sex significa así conocer el mundo fascinante de unos jóvenes para los que el único sentido en la vida es poseer ingentes cantidades de dinero con el cual comprar la infinidad de objetos-símbolo que el mercado les ofrece. No se busquen reflexiones críticas acerca de la sociedad y, menos, alguna pizca de rebelión contra el sistema en sus acciones. Finalmente, los valores pequeño-burgueses habrán de triunfar, como en el caso de la protagonista, que vuelve a su hogar, después de 10 años de vida desenfrenada y con el éxito a cuestas, reconociendo el sacrificio que sus padres hicieron por ella y lo desagradecido de su conducta. “Papá, mamá, perdónenme por ser así”, dirá en un epígrafe al concluir la novela. Sin la moralina del Epílogo y las Palabras finales de la autora, la novela de Ai Iijima habría constituido un intento honesto por denunciar los falsos valores y la hipocresía de una sociedad que vive para las apariencias.

Guillermo Quartucci

 
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