Cerezos en tinieblas

Autor: Higuchi Ichiyo
Traducción: Rieko Abe, Hiroko Hamada y Virginia Meza
Lugar de Edición: Buenos Aires
Editorial: Kaicron, 2006, 128 pp.+índice.

Esta es la primera traducción al español de Higuchi Ichiyo (1872-1896) que se publica . Autora admirada en Japón, su país de origen, por ser la primera mujer, después de mil años en que su sexo estuviera ausente de la narrativa japonesa, luego de la explosión de talento femenino de la época Heian (794-1185), pero, sobre todo, amada por su breve e intenso paso por la república de las letras nipona en momentos en que Japón se modernizaba a paso redoblado, en el marco de la célebre Restauración Meiji (1868-1912). Su vida se extinguió a los 24 años, lo que le confirió a su figura un halo romántico extra, acrecentado por sus amores desgraciados y por la tuberculosis que la llevó a la tumba.

El origen social de Higuchi Ichiyo hay que buscarlo en los estratos inferiores de la clase samurai que pierde status frente a la modernización, pasando de los privilegios de que había gozado en la época feudal, a las privaciones que el modelo industrial impusiera a quienes no participaran en el festín del capitalismo de nuevo cuño. Muy pronto, Higuchi pierde a su padre y debe abandonar la escuela para niñas de buena familia donde aprende a escribir poesía de manera inigualable, para dedicarse a ganar el pan de cada día: como hija mayor tiene a su cargo la responsabilidad de alimentar a su madre y una hermana. Son numerosas las ocasiones en que debe cambiar de domicilio, mudándose paulatinamente de los distritos donde habita la clase acomodada de Edo hacia las zonas populares de la ciudad, recién rebautizada como Tokio. Es así como recala en los aledaños del célebre espacio de prostitución, el gran barrio de placer de la pujante urbe asiática, Yoshiwara, “ciudad sin noche” donde el derroche de luz y colorido que le prestan sus cortesanas en exhibición detrás de rejas oculta la cara sórdida de una sociedad en la que el placer está asociado al dinero, por más envoltura romántica que ofrezcan algunas aventuras galantes cuyos ecos reverberan incluso en la ciudad “decente”. Higuchi conoce a las prostitutas, pues son quienes integran la clientela que acude a la humilde tienda de dulces y baratijas que ha instalado en un callejón marginal de la zona roja. Esta experiencia, junto con las estrecheces a que la ha arrojado la pérdida de status de su familia, son las que le permitirán acumular un conocimiento del alma humana que será el que alimentará las páginas de sus historias. El volumen que comentamos está integrado por cinco de la aproximadamente veintena de historia cortas que escribió Higuchi en su corta exitencia. Son, sin embargo, estas cinco historias las más representativas de su autora, las que se han ganado el cariño y la admiración del público japonés. Casi todas adaptadas al shimpa -un género muy popular de teatro nacido a fines de Meiji, que incorpora actrices, luego de estar éstas prohibidas durante muchos años- o al cine, son consideradas por la crítica como un anticipo de la narrativa femenina que tantas excelentes autoras cultivaron, y siguen cultivando, hasta la actualidad. El título de estas historias cinco historias es Cerezos en tinieblas (Yamizakura, 1892), Aguas cenagosas (Nigorie, 1895), Noche de plenilunio (Juusanya, 1895), Dejando la infancia atrás (Takekurabe, 1895-96) y Encrucijada (Wakaremichi, 1896), y recorren la breve vida literaria de su autora.

Dejando la infancia atrás constituye una encantadora y nostálgica evocación de la niñez, personificada en esos adolescentes que anticipan, en su drama y tristezas cotidianas, los sinsabores de la adultez. En esta historia muchos han querido observar un anticipo de lo que sería la adaptación de la escuela naturalista al suelo japonés. Cerezos en tinieblas muestra el universo de esos mismos jóvenes ya devenidos adultos, incorporado a una historia de amor con desenlace trágico, cercana al melodrama, tan del gusto del público japonés de entonces. Estas dos, así como las restantes historias, están teñidas del sentimiento del mono no aware, ese pathos rerun que desde los comienzos la literatura japonesa conserva más o menos inalterado, quizá como resultado de la noción de fugacidad de lo material propia del budismo popular.

El japonés de Higuchi conserva muchos de los rasgos arcaicos de la lengua literaria del momento: licencias poéticas, tropos, terminaciones verbales, imprecisión del sujeto gramatical, por lo que su lectura se vuelve muy difícil incluso para un japonés con alto nivel de educación. De ahí que su traducción por primera vez al español constituya un loable esfuerzo.

Guillermo Quartucci
 
Copyright © 2007 Fundacion Japón en México , All Rights Reserved. | Aviso Legal